Europa no es ni el tinglado de Bruselas ni Lampedusa. ¡Es nuestra civilización !

Europa no es ni el tinglado de Bruselas ni Lampedusa. ¡Es nuestra civilización !

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Euro­pa no es Lam­pe­du­sa. ¡Es nues­tra civi­li­za­ción !
Euro­pa no es la orga­ni­za­ción de Bru­se­las, y tam­po­co una mone­da o un ban­co cen­tral.
Euro­pa no es un espa­cio mun­dia­li­za­do y sin fron­te­ras.
Euro­pa no es el mun­do afri­ca­no. Tam­po­co es tier­ra islá­mi­ca.
Euro­pa no es ni la feal­dad ni el no-arte.
Euro­pa es el conti­nente de los euro­peos.
Eur­pa son mile­na­rios de his­to­ria : 700 mil­lones de euro­peos.
Euro­pa es una iden­ti­dad : la civi­li­za­ción euro­pea y cris­tia­na.
Euro­pa son los tem­plos grie­gos, los acue­duc­tos y tea­tros roma­nos, las capil­las romá­ni­cas, las cate­drales góti­cas, los pala­cios rena­cen­tis­tas, las pla­zas mayores, los conven­tos, las igle­sias bar­ro­cas, los cas­tillos clá­si­cos, los edi­fi­cios moder­nis­tas.
Euro­pa son sal­vajes acan­ti­la­dos, majes­tuo­sas mon­tañas, apa­cibles ríos. Euro­pa es el sen­ti­mien­to de la natu­ra­le­za. Euro­pa son pai­sajes ajar­di­na­dos por el hombre : desde los bosques has­ta los pól­ders, desde los pra­dos has­ta los culti­vos en ter­ra­zas.
Euro­pa es la tier­ra del man­za­no y del oli­vo, de la viña y de la ceba­da.
Euro­pa no es el uni­ver­so de la comi­da basu­ra : es la gas­tro­nomía del aceite y de la man­te­quilla, del vino y de la cer­ve­za, del que­so y del pan, del sal­si­chón y del jamón.
Euro­pa no es el mun­do de la abs­trac­ción : es el arte de la repre­sen­ta­ción, de Praxí­teles a Rodin, de los fres­cos de Pom­peya a la Sece­sión de Vie­na. Euro­pa es el ima­gi­na­rio cel­ta y el mis­te­rio cris­tia­no. Euro­pa es la civi­li­za­ción que trans­for­ma la pie­dra en encaje.
Euro­pa es el recha­zo del atur­di­mien­to : es la cultu­ra que ha inven­ta­do el can­to polifó­ni­co y la orques­ta sinfó­ni­ca.
Euro­pa no es el mun­do de Bel­fe­gor : es la civi­li­za­ción que hon­ra a la mujer, dio­sa, madre o guer­re­ra. Euro­pa es la cultu­ra de la cabal­lería y del amor cor­tés.
Euro­pa no es el mun­do del control, es la patria de la liber­tad : la ciu­da­danía grie­ga, el foro roma­no, la Gran Car­ta ingle­sa de 1215, las ciu­dades y las uni­ver­si­dades libres del Medioe­vo, el des­per­tar de los pue­blos en el siglo XIX.
Euro­pa es un patri­mo­nio lite­ra­rio y mitoló­gi­co : Home­ro, Vir­gi­lio, Hesio­do, los Eddas, el Can­tar de los Nibe­lun­gos y el ciclo artú­ri­co. Es tam­bién Sha­kes­peare, Cer­vantes y Grimm.
Euro­pa es el espí­ri­tu de inven­ción y de conquis­ta : es Leo­nar­do da Vin­ci y Guten­berg ; son las cara­be­las, las mon­gol­fie­ras, los inicios de la avia­ción y Ariane ; son los puentes col­gantes sobre los mares.
Euro­pa son los héroes que la han defen­di­do a lo lar­go de los siglos : es Leó­ni­das y sus 300 espar­ta­nos que sal­van a Gre­cia contra Asia ; es Esci­pión el Afri­ca­no que sal­va a Roma de Car­ta­go ; es don Pelayo que emprende la Recon­quis­ta ; es Godre­foy de Bouillon que libe­ra Tier­ra San­ta y fun­da el rei­no fran­co de Jeru­sa­lén ; son Fer­nan­do de Aragón e Isa­bel de Cas­tilla que libe­ran Gra­na­da ; es Iván el Ter­rible que ale­ja a los mon­goles de la san­ta Rusia ; es don Juan de Aus­tria que vence a los tur­cos en Lepan­to.
Euro­pa son lugares emblemá­ti­cos : el Par­tenón, la Pla­za de San Mar­cos, San Pedro de Roma, la Torre de Belém, San­tia­go de Com­pos­te­la, el Monte Saint-Michel, la Torre de Londres, la Puer­ta de Bran­de­bur­go, las torres del Krem­lin.
¡Tal es nues­tra civi­li­za­ción !
Hoy Euro­pa es el hombre enfer­mo del mun­do. Está culpa­bi­li­za­da, colo­ni­za­da, debi­li­ta­da. Pero no es ni fatal ni dura­de­ro. ¡Bas­ta de arre­pen­ti­mien­tos ! ¡Afir­me­mos nues­tra lar­ga memo­ria ! Escu­che­mos el men­saje de espe­ran­za lan­za­do por Domi­nique Ven­ner :

« Creo en las cua­li­dades especí­fi­cas de los euro­peos, que están pro­vi­sio­nal­mente ador­me­ci­dos. Creo en el poderío de su indi­vi­dua­li­dad, en su inven­ti­va y en el des­per­tar de su energía. El des­per­tar ven­drá. ¿Cuán­do ? No lo sé, pero no dudo de que ese des­per­tar lle­gará. »